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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 127 - Número 4 - Enero 2006 (en Castellano)
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Ingresando al Jardín de la Teosofía

( Conferencia dictada en la Convención de Adyar, el 27 de diciembre del 2005 )

Mary Anderson

La Srta. Mary Anderson es la Secretaria Internacional de la Sociedad Teosófica y brinda muchas conferencias en varios idiomas

Se dice con frecuencia que los dos pilares de la Sociedad Teosófica son la fraternidad universal y la libertad de pensamiento.

La fraternidad universal implica amor hacia todo, un amor fraternal como el que debiera existir – aunque no siempre sucede – entre hermanos y hermanas, o en una familia en general. Y libertad de pensamiento debería implicar, en última instancia, sabiduría.

La raíz de la fraternidad universal yace en los orígenes de la humanidad, incluyendo a todos los reinos de la naturaleza. Todos los seres, aún todas las cosas que existen, tienen un único origen, de la misma manera que los hermanos y hermanas de una familia tienen los mismos padres. El amor es algo que nos une, que nos atrae nuevamente hacia la Unidad de la cual provenimos y a la cual anhelamos, ya sea que nos demos cuenta o no.

Cuando consideramos el otro pilar de la Sociedad Teosófica, libertad de pensamiento, ¿pareciera existir un contradicción entre los dos pilares? Ciertamente, el acuerdo con los demás, la armonía de pensamiento, pueden profundizar la amistad. Se dice que las grandes mentes piensan de la misma manera. Por otra parte, un brillante intelecto puece seducir a otros, incluyendo a aquellos que son demasiado perezosos para pensar por sí mismos. Por un lado, deberíamos tener una mente abierta, pero por otro, no debemos simplemente tragar ideas que nos impresionen, sino pensar cuidadosamente las cosas por nosotros mismos, arrivar a nuestras propias conclusiones.

¿Qué impide a nuestro pensamiento ser libre? Han habido, y todavía hay, lugares y tiempos en los cuales la libertad de pensamiento ha sido y todavía es abolida. Una vez me preguntaron con toda seriedad cuál es la difencia entre la Sociedad Teosófica y el Partido Comunista, ya que ambos creen en la fraternidad. Sólo pude pensar como respuesta un dicho en alemán un tanto duro: “¡Si te niegas a ser mi hermano, te romperé el cráneo!”. De manera que la libertad de pensamiento puede ser sofocada desde fuera. Pero puede ser sofocada por nuestra culpa, si somos demasiado holgazanes para pensar o si tenemos temor a trazar ciertas conclusiones, especialmente si éstas nos mostraran ante los demás de una manera negativa, o si fuesen en apariencia contradictorias con el otro pilar de la Sociedad Teosófica, la fraternidad. De hecho, a veces fraternidad y libertad de pensamiento parecieran tirar en direcciones opuestas, pero ¿no es posible respetar diferentes opiniones en otros y sentirnos en hermandad para con ellos? ¿Podemos estar unidos siendo diferentes?

Puede ser a veces todo un arte mantener los dos pilares de la Sociedad Teosófica en equilibrio – un equilibrio viviente y flexible sosteniendo la piedra fundamental que es la Sociedad Teosófica. Los dos pilares y la piedra fundamental forman juntos la puerta que conduce al jardín de la Teosofía, lo cual no sigifica que no haya otras puertas que nos conduzcan allí. ¿No es acaso tarea nuestra el sostener a la Sociedad, manteniedo el fino balance entre fraternidad y libertad de pensamiento, para que la Sociedad continúe siendo una fuerte entidad viviente y cumpla con su función de puerta de entrada?

Si ingresamos al jardín de la Teosofía, ¿qué encontramos? Un jardín crea un ambiente hermoso. Los jardines han inspirado a poetas con sentimientos religiosos:

Un jardín es una cosa adorable, ¡Dios sabe!

Cantero de rosas,

Estanque bordeado,

Gruta de helechos –

La mismísima escuela

De paz, y aún así el tonto,

Sostiene que Dios no existe.

¡Que no hay Dios! ¡En los jardines! ¿En la calma anochecer?

No, pero yo tengo un indicio

De seguro que Dios camina en el mío.

Thomas Edward Brown

 

Muchos monasterios cristianos y budistas son famosos por sus jardines.

Incluso una pequeña planta puede inspirarnos. Hay una historia de un pastor escocés, que amaba la Naturaleza pero estaba obligado a pasar el invierno en la ciudad, haciendo labores manuales. Tenía, en la pequeña habitación del ático que alquilaba, una margarita en un tiesto a la que cuidaba con mucho amor. Para él, la margarita representaba el campo y todas las plantas que tanto extrañaba.

Un jardín pareciera ser un símbolo apropiado para la Teosofía, la Sabiduría Divina. Si atravesamos la puerta de la Sociedad Teosófica, sostenida por sus dos pilares, fraternidad y libertad de pensamiento, esto implica que entramos con un corazón amoroso y una mente libre, libre de dogmatismo y superstición – ¡Al menos eso esperaríamos!

¿Qué encontramos en ese jardín? ¿Qué es lo que buscamos y encontramos en cualquier jardín? Esos seres vivientes llamados plantas: árboles, flores, césped y lo que es necesario para la vida de una planta: tierra, agua, aire y, sobre todo, luz solar.

Simbólicamente, ¿podría ser que nosotros fuésemos las plantas creciendo en el jardín de la Teosofía? Necesitamos, tierra, agua, aire y luz solar, no sólo físicamente, sino también en el sentido de que éstos pueden ser símbolos de aspectos de nuestro ser. En otras palabras, necesitamos materia física y un cuerpo físico, con los cuales actuamos, simbolizados por la tierra, necesitamos de la materia más sutil, a veces llamada “astral”, simbolizada por el agua, para expresar nuestros sentimientos, la cual modelamos con nuestras emociones, nuestros deseos, y necesitamos la aún más sutil materia mental, simbolizada por el aire, expresando nuestros pensamientos, la cual es moldeada por ellos. Pero lo que necesitamos por sobre todo y lo que siempre tenemos, aunque no concientemente, es la Divina Luz del Espíritu, simbolizada por la luz solar.

Somos entonces esas plantas, nutridas por nuestras buenas acciones, nuestro amor, nuestros pensamientos surgiendo en libertad y nuestra naturaleza espiritual.

Un jardín necesita ser cuidado. Y así, deberíamos cuidar las plantas que somos. Debemos asegurarnos de alimentar nuestros cuerpos con comida sana y pura, producida sin daño a criatura alguna, de modo que estén fuertes y saludables para realizar actividades útiles. Nuestras emociones debieran ser nutridas con el agua pura de sentimientos amables y armoniosos, expresando compasión y amor. Debiéramos mantener nuestras mentes abiertas al aire puro y saludable y no dejar que queden estancadas, ni tampoco abandonadas en el huracán de las sensaciones, para que podamos pensar de un modo ordenado, libre e impersonal. Y nunca debiéramos olvidar que en nuestro más íntimo ser somos espíritu, somos parte de la vida UNA en todo, somos esa vida.

Los símbolos pueden, sin embargo, significar diferentes cosas, y las plantas de nuestro jardín pueden simbolizar también la Teosofía. Pero, ¿qué se quiere decir con Teosofía? Existe lo que ha sido llamado Teosofía Primaria y lo que ha sido llamado Teosofía Secundaria. La mayoría de nosotros puede , en primer lugar, pensar a la Teosofía como una enseñanza, como una filosofía, como un maravilloso sistema metafísico que explica tantos misterios, tantos problemas de la vida. Pero la Teosofía como enseñanza, aunque maravillosa, útil e iluminadora, ha sido meramente llamada Teosofía Secundaria.

¿Qué sería entonces la Teosofía Primaria? Es Teosofía en acción, Teosofía en nosotros, en nuestras vidas, y sólo cuando aplicamos las enseñanzas teosóficas en nuestra vida diaria es que se puede decir que hemos comprendido estas enseñanzas, no sólo con nuestra mente, sino con todo nuestro ser, de modo que nuestra vida sea transformada. Así, nos volvemos amorosos, en última instancia, totalmente inegoístas, desinteresados, nos volvemos sabios y también eficientes porque, si realmente somos inegoístas, estamos libres de esos deseos egoístas que comúnmente debilitan nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, e incluso nuestras acciones. Entonces, es preciso que comprendamos las enseñanzas teosóficas a un nivel más profundo, no sólo en teoría, sino también, y sobre todo, en la práctica. Por esto es que se ha dicho: “Vive la vida y llegarás a la Sabiduría”.

Las enseñanzas teosóficas son como una semilla que es plantada. Tal semilla puede simbolizar la Teosofía Secundaria. Y la Teosofía Primaria, una verdadera vida teosófica, es la flor en la cual la planta alcanza la quintaesencia de su belleza. Más aún, es el fruto resultante que nutrirá a otros, y la semilla que será sembrada y esparcirá la Teosofía, no sólo como enseñanza, sino como un modo de vida. Somos esa flor, ese fruto y esa semilla. Esta es la Teosofía Primaria. El ejemplo de una vida teosófica es contagioso. ¿A cuántos miembros de la S.T. encontramos que nos dicen que su primer y decisivo contacto con la Teosofía no fue un libro sino una persona – no una persona perfecta, sino una cuya vida había sido también transformada por la Teosofía?

Pero démosle un vistazo a la Teosofía Secundaria, Teosofía como una enseñanza, como una filosofía. ¿Cuáles son los principios fundamentales de las enseñanzas Teosóficas? Puede haber diferentes presentaciones, pero ambas Mme. Blavatsky y la Dra. Besant pusieron énfasis en tres enseñanzas fundamentales que pueden transformar la vida de las personas: la Unidad de toda Vida, Reencarnación y Karma. Éstas pueden ser las semillas plantadas como Teosofía Secundaria.

Tomemos primero la Unidad de toda Vida. Cada planta se origina de una pequeña semilla. Esa semilla proviene de otra planta, la cual creció de otra semilla. La imagen de la semilla es de hecho utilizada en el Chandogya Upanishad por un padre que le explica a su hijo cuál es su verdadera naturaleza: la esencia invisible en el interior de una pequeña semilla es el origen de un gran árbol, representando el universo entero, y esa pequeña semilla, ese origen – “Eso eres tú”. Si volvemos atrás en pensamiento lo suficientemente lejos, podemos darnos cuenta que estamos todos físicamente relacionados. Este es un pensamiento asombroso. Más asombroso aún es el pensamiento de que esa Unidad que compartimos con otros es nuestra verdadera naturaleza, así como la de todos los seres humanos, e incluso la de todas las criaturas vivientes – y todo está vivo.

La reencarnación está ilustrada en la aparente “muerte” de las plantas en invierno y su “renacimiento” en primavera, el cual, si lo consideramos realmente, puede dejarnos en completo asombro. El concepto de reencarnación puede desvanecer el miedo a la muerte. De hecho, puede mostrarnos la necesidad de la muerte, haciendo otra vez la analogía con la vida de la planta: “ En verdad os digo, a menos que un grano de trigo caiga en la tierra y muera, permanece como una sola semilla; pero si muere, produce muchas semillas. ” (San Juan, 12:24)

 

La Ley de Karma es ilustrada por San Pablo en las siguientes palabras: “ No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también cosechará.” (Gal., 6:7) Encontramos su eco en las palabras de La Luz de Asia (p. 215):

Recogéis lo que sembrasteis. ¡Ved este campo!

El sésamo fue sésamo, y trigo el trigo.

El silencio y la sombra lo saben.

¡Así nace el destino del hombre!

Viene a cosechar tanto sésamo o trigo

Como el que cosechó en una existencia anterior,

Y tantas hierbas malas y venenosas, que enferman

A él y a la tierra dolorosa.

Si trabaja bien, arrancándolas

Y plantando en su lugar semillas benéficas,

El suelo será fecundo, hermoso

Y puro,

Y será rica la cosecha.

 

Y por sobre todo – por sobre la Teosofía Secundaria, la semilla plantada en la tierra, y por sobre la Teosofía Primaria, la flor, el fruto, y de nuevo la semilla, es decir, lo que hacemos de esa semilla – brilla el sol de la Teosofía, la Sabiduría Divina.

Las flores de loto pertenecen al jardín del templo de Oriente, las que son, de nuevo, altamente simbólicas: símbolos de la constitución de un ser humano y de su crecimiento hacia la espiritualidad, hasta “convertirse en lo que uno es”. La flor de loto tiene sus raíces en la tierra, en el lodo del fondo del estanque, representando el cuerpo físico. Su tallo se yergue a través del agua, simbolizando las emociones, y se eleva aún más atravesando el aire – símbolo de nuestras mentes, nuestros pensamientos – y finalmente, la flor de loto se despliega en la luz del sol del espíritu. De este modo, nuestra consciencia, concentrada al principio en el cuerpo físico, luego al nivel de nuestras emociones, luego de nuestros pensamientos, encuentra finalmente su destino en la luz del sol del espíritu.

Los árboles, que también adornan el jardín, tienen su significado simbólico. Nos encontramos con el Árbol de la Vida de la tradición nórdica: El fresno Ygdrassil, símbolo del mundo, el árbol del universo, del tiempo y de la vida. Al comienzo del discurso XV del Bhagavadgita , leemos: “Con raíces arriba, con ramas debajo, el Asvattha (árbol baniano de la vida mundana) dícese es indestructible . . .” Esta es una descripción del mundo en que vivimos. Las raíces de ese mundo se hallan en el mundo espiritual descripto como “arriba”. El segundo verso continúa así:

Sus ramas se proyectan hacia abajo y hacia arriba, nutridas por las cualidades (guna-s); los objetos de los sentidos son sus brotes; y sus raíces crecen hacia abajo, los lazos de la acción en el mundo de los hombres.

Esta parece ser una descripción de nosotros los seres humanos, viviendo en el mundo de los objetos que percibimos con los sentidos, estando sujetos a los guna-s : inercia, pasión y armonía, y creando karma por medio de nuestras acciones.

Aquí sigue una descripción de cómo escapamos de ese mundo de percepciones sensorias ilusorias, de los guna-s y de los lazos del karma:

Una vez abatido este Asvattha fuertemente arraigado, con el arma firme del desapego, puede buscarse ese sendero de más allá, en cuyo recorrido no hay retorno. Voy ciertamente hacia ese Hombre Prístino, de donde la antigua energía brota .

De esta manera, podemos ver en la vida de las plantas símbolos interesantes de las enseñanzas de la Teosofía, ilustraciones útiles de cómo la Teosofía puede volverse viva en nosotros. Pero estos símbolos no son sólo instrumentos útiles para ilustrar o comprender. La raíz de un símbolo yace en el principio de analogía, que revela el mismo proceso produciéndose en diferentes circunstancias, en diferentes niveles.

Como es lo Interno, así es lo Externo,

Como es lo Grande, así es lo Pequeño

Como es Arriba, así es Abajo,

no hay sino UNA VIDA Y UNA LEY;

y aquel que trabaja con ella, es UNO.

( La Doctrina Secreta y su Estudio , citado en Fundamentos de la Filosofía Esotérica - I. Hoskins).

¿No nos hace también recordar la analogía de un jardín, que las mismas leyes operan en todo lugar?

 

 

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